La ortodoncia prequirúrgica se realiza en pacientes que presentan alteraciones severas en el desarrollo de los maxilares que no pueden corregirse únicamente con aparatología ortodóncica. En estos casos, se requiere una combinación de ortodoncia y cirugía ortognática, un procedimiento quirúrgico que reposiciona los maxilares para lograr una función y estética facial armónica.
Este tratamiento se indica comúnmente en personas con:
El tratamiento consta de tres fases principales:
Se alinean los dientes en cada arco para preparar las estructuras óseas para la cirugía.
Realizada por un cirujano maxilofacial en un entorno hospitalario, permite movilizar los huesos de la mandíbula superior (maxilar), inferior (mandíbula) o ambos, según el caso.
Se realizan ajustes finos para conseguir una oclusión estable y funcional.
Este abordaje multidisciplinario requiere una planificación detallada con estudios radiográficos, modelos digitales, fotografías clínicas y simulaciones 3D para garantizar un resultado óptimo.
Aunque es un tratamiento más largo y complejo, sus beneficios son notables:
Es una opción ideal para quienes presentan desarmonías esqueléticas y desean una solución definitiva que combine funcionalidad, estética y salud a largo plazo.
Sí. Tras finalizar la ortodoncia postquirúrgica, se inicia la fase de retención. El uso de retenedores es esencial para mantener la nueva posición de los dientes y evitar que vuelvan a desplazarse, asegurando la estabilidad a largo plazo de los resultados.
Aunque este tratamiento puede ser complejo y tener varias fases, el dolor generalmente es manejable con medicación adecuada, especialmente después de la cirugía. Durante la fase postquirúrgica, el dolor es controlado con analgésicos, y la mayoría de los pacientes experimentan una recuperación gradual.
La recuperación inicial dura entre 2 y 3 semanas, durante las cuales es común tener inflamación, dificultad para hablar o comer, y cierta sensibilidad. En la mayoría de los casos, se puede retomar una vida normal de forma progresiva. El seguimiento con el equipo médico es clave para asegurar una buena evolución.
Como toda cirugía, conlleva algunos riesgos, aunque poco frecuentes. Los más comunes son inflamación, hematomas, sensación de adormecimiento temporal y, en raros casos, alteraciones en la sensibilidad. Al ser una intervención realizada por especialistas maxilofaciales, las complicaciones