El frenillo lingual es una pequeña banda de tejido que conecta la parte inferior de la lengua con el suelo de la boca. En la mayoría de los casos, este tejido no representa un problema, pero en algunos casos puede ser demasiado corto o rígido, lo que limita el movimiento de la lengua y genera una condición conocida como anquiloglosia o “lengua atada”.
Esta alteración puede afectar diferentes funciones, como la alimentación, el habla y la higiene bucal, por lo que su detección y tratamiento oportuno son clave para evitar complicaciones.
Cuando el frenillo lingual es restrictivo, puede interferir en actividades diarias como:
El diagnóstico se realiza mediante una revisión clínica con un dentista, pediatra, logopeda o cirujano maxilofacial. En algunos casos, el frenillo corto es visible a simple vista, mientras que en otros se requieren pruebas funcionales para evaluar la movilidad de la lengua y el impacto en la alimentación o el habla.
La frenectomía se recomienda cuando el frenillo lingual afecta significativamente la alimentación, el habla o la higiene bucal y no se puede corregir con tratamientos conservadores. Es un procedimiento seguro, rápido y con mínima recuperación.
Si sospechas que el frenillo lingual está afectando la función de la lengua, la alimentación o el habla, es importante acudir a un especialista para una evaluación.
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En la mayoría de los casos, la frenectomía es definitiva. Sin embargo, si no se realizan los ejercicios de movilidad recomendados en el postoperatorio (especialmente en niños pequeños), el tejido puede cicatrizar con cierta rigidez. Por eso, el seguimiento profesional y la terapia funcional son claves para mantener los resultados.
Depende del caso. Si la anquiloglosia estaba interfiriendo en la pronunciación, la frenectomía puede facilitar el movimiento de la lengua, pero muchas veces es necesario complementar con sesiones de logopedia para corregir patrones adquiridos o mejorar la articulación de ciertos sonidos.
Algunos signos comunes en bebés son dificultad para prenderse al pecho, succión débil, lactancia prolongada o dolor en la madre al amamantar. También puede observarse una lengua en forma de corazón al llorar. Ante cualquier sospecha, es importante consultar con un especialista para una evaluación.
La recuperación suele ser rápida y sencilla. La mayoría de los pacientes retoman sus actividades habituales el mismo día o al siguiente, siguiendo las indicaciones del especialista para asegurar una buena cicatrización.